‘Todo Hiper’, Pere Llobera y Sergi Botella en Passatge Studio

La información en la página web de Passatge Studio a penas apunta al contenido de la exposición. Hay una imagen promocional a medio camino entre el cuello de una botella de refresco y el detalle de un músculo con su tendón. Sea lo que sea, parece mirarte con ojos vacíos de sorpresa. Se informa del horario de visita. Hay también un pequeño texto encriptado y violento, como de un Boris Vian de extrarradio con ganas de llamar la atención. Y lo consigue. ¿Qué pasa en Barcelona con la pintura?

Voy, llamo al timbre, me abre una chica muy amable y subo.

Entro en un espacio cuadrangular con ventanas y una mesa grande. A la izquierda hay una pequeña repisa con unas cuartillas rosas. Las puedes coger si quieres. En ellas, un texto impreso en letra muy pequeña. Es el mismo texto que aparece en la parte de detrás del póster de la exposición, que se vende por cuatro euros. Está escrito por Sergi Botella. Descubro ahora que el texto de la web es un extracto de este. En la parte delantera del póster se anuncia la exposición usando una fotografía de una pintura de Pere Llobera. La exposición se llama ‘Todo Hiper’; el texto, Minigolf Cabriolet. ¿Es Barcelona una ciudad más conceptual que pictórica?

‘Todo Hiper’ convierte el cubo blanco y medio del espacio expositivo de Passatge Studio en la representación de un fin del mundo que viene anunciándose desde los años ochenta. Señala hacia un final sostenido de los tiempos, a medio camino entre la concepción no lineal de la historia benjaminiana, el desasosiego producido por el final de las disciplinas modernas a lo Arthur C. Danto, la apropiación y la rearticulación del pasado posmodernas y la cultura visual post-pop y post-camp, no solo por las referencias al imaginario personal filtrado por ambos artistas, que forman un tándem en perfecta conexión, sino también por la propia factura pictórica de las obras de Pere Llobera. La pintura es una práctica artística que hoy en día aparece solo ocasionalmente, un tanto denostada. ¿Por qué cuesta tanto mezclar pintura con otras materializaciones en Barcelona? ¿La inclusión de obras como las de Luís Gordillo u Ocaña en las últimas presentaciones del MACBA cambia en algo el asunto?

En la antesala hay dos obras muy bien iluminadas con reflectores. Haber ido a visitar la exposición a las siete de la tarde es una suerte. A la izquierda de la puerta de entrada a la sala principal, casi al nivel del suelo, se ven unas gafas de plástico blanco, rotas y retorcidas. Reposan sobre un estante pintado en degradado, blanco hacia la pared y naranja en el voladizo. Recuerda un poco a las disposiciones de Haim Steinbach, pero también a la ruta del bakalao y a las peleas de makinetos en el parking de Puzzle. A la derecha de la puerta hay una pintura sobre una nevera de Coca-Cola. Muestra una reunión de gente en la terraza de un bar alrededor de una torre de botellas, también de Coca-Cola. Alguien está bebiendo una copa con un líquido amarillento que, curiosamente, NO es Coca-Cola. ¿Está en Barcelona la pintura asociada a un arte reaccionario y el (pos)conceptualismo a una progresía artística? Si la respuesta a la pregunta es afirmativa, ¿esto es así también en otros lugares?

Al asomarme por el umbral de la puerta veo la pintura de Llobera del póster. Está en la pared del fondo, sobre una gran forma rosa con puntas. Es un collage pictórico donde se ven personajes en un hipermercado. Una negra gorda junto a una culturista. Dos macarras comprando, uno de los cuales juega con el carrito de la compra y lleva las zapatillas que se mencionan en el texto de Botella. Una especie de luchador de lucha libre agachado que parece un retrato de alguien conocido que no conozco. Una señora británica o alemana, como acabada de salir de un camping de Gavà, con celulitis y unos shorts vaqueros. Después de haber llamado la atención, un pulgar alzado de los que marcan los productos de oferta se desvanece en el espacio, a medio camino entre la magia poderosa y el fuego fatuo. Más real que la realidad. ¿La pintura queda en el ciclo corto del ámbito comercial del arte y el (pos)conceptualismo en el largo de las instituciones? ¿Por qué? ¿Qué consecuencias tiene esto?

En el centro de la sala hay una mesa baja. Es redonda y blanca. Sobre ella, unas plantillas rosas y verdes. Sobre las plantillas, unas deportivas blancas como la mesa. Las zapatillas están conectadas por un trozo de espuma acústica, de esa gris con pirámides, que forma un arco. Recuerda a esas pulseras de mercadillo con remaches metálicos de los heavies. Contrasta con las zapatillas. La mesa se apoya en un cilindro amarillo. Passatge Studio mostró unos taburetes de espuma con formas geométricas en Swab, que ayudaban a dar connotaciones platónicas al montaje en forma de cueva VIP que fue presentado. El cilindro amarillo de la mesa me los recuerda. Apoyadas en él, dos pinturas pequeñas: una de Lionel Richie, quien compuso We are the World junto a Michael Jackson en 1985, y una imagen de la película Teen WolfDe pelo en pecho en España–, del mismo año, en la que Michael J. Fox sale caracterizado de hombre lobo que juega al básquet. Estas referencias a la cultura de masas quedan olvidadas debajo de la mesa. A primera vista solo se ve la correcta disposición de las zapatillas de deporte, a medio camino entre el escaparatismo de revista y el realismo especulativo absorbido por el arte. ¿Debe la pintura conceptualizarse para aparecer?

En el suelo, junto a la pared de la izquierda, corre un vídeo. Pau Riba, con voz de resaca, repite siempre la misma frase en una tele pequeña y negra. Pau Riba, entre la poesía, la buena familia y el catalanismo, y el rock progresivo, la contracultura y la psicodelia. Girando a la izquierda, en la pared de la puerta por la que he entrado, una gran pintura: el gato Silvestre, sudando tinta negra, se debate entre comer y vomitar un pájaro. A la izquierda de la puerta, un cuadro pequeño y oscuro, de un paisaje al atardecer –o amanecer– en el que pasa algo que no se ve muy bien. Continuando el giro, un carro de golf azul y viejo que se sostiene en pie olímpicamente. Se relaciona con otras pequeñas referencias entre pijas y chabacanas al deporte de ciudad, dispersas en la mesita central y la pintura del hipermercado. Girando más, la puerta que da paso al estudio de Bernat Daviu. Sostenida detrás de la puerta, una pequeña pintura de un patinador sobre hielo. Su aspecto es plástico. Su color, rosa brillante. Con mucho esfuerzo realiza un gesto entre la pirueta y el paso de baile. Como la pintura en el arte contemporáneo.

 

Pere Llobera (web) y Sergi Botella (web). Todo Hiper (Passatge Studio).

12 noviembre – 23 noviembre

Passatge Studio: Passatge de Masoliver, 10 – abierto cada día de 17 a 19h

 

Imagen: Pere Llobera, 2016.

Crédito de la imagen: Pablo Santa Olalla